sábado, 14 de junio de 2014

Todos quieren vivir muchos años pero nadie quiere ser viejo

Es obvio que los pequeños dependen de los mayores; pero, ¿de quién dependen las personas mayores? Diríamos que en muchísimos casos los mayores no dependen de nadie: antes al contrario, están ellos pendientes de la familia y, sobre todo, de los pequeños, de los nietos, a los que cuidan y hasta ayudan a crecer. Cuando uno se jubila y por tanto abandona la esclavitud derivada del trabajo obligatorio cree que por fin es dueño de su tiempo, ya no está bajo la férula de jefes ni sujeto a yugos laborales y, en consecuencia, es libre, libre para no hacer nada, aspiración muy humana que en la pluma de Oscar Wilde se convierte en la cosa más difícil del mundo, la más difícil y la más intelectual.
Desde esta perspectiva la vejez puede ser el tiempo de nuestra dicha, como diría Borges. ¿Vejez, viejos, ancianos, abuelos? Vocablos todos ellos que por despectivos han sido eliminados de la terminología políticamente correcta. Y en su lugar se inventó el término tercera edad, no por todos aceptado con júbilo, como es el caso de Francisco Umbral, quien lo considera un eufemismo indignante .
Sin embargo es la de la tercera edad la fórmula más generalizada y, en cierto modo, la única con etiqueta constitucional, ya que nuestra Carta Magna establece que los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad, añadiendo que con independencia de las obligaciones familiares, promoverán su bienestar mediante un sistema de servicios sociales que atenderán sus problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio.
A pesar de todo la tercera edad se nos queda corta, pide ascender un escalón más, que no es otro que el de la cuarta edad, dado que el aumento de la esperanza de vida en la población española es imparable, hasta el punto de que según la ONU en 2050 España tendrá la población más vieja del mundo. Así, pues, en nuestra sociedad comienza a ser realidad la existencia de un nuevo segmento generacional: el de la cuarta edad, en el que podemos integrar a los mayores de 90 años. Porque es un hecho incuestionable que la gente vive hoy bastantes años más que antaño, la longevidad es ya una circunstancia normal, entre otras razones (logros de las tecnologías médicas, avances de las ciencias de la salud…) porque gozamos de más atenciones y mejores condiciones, tanto económicas como asistenciales.
Aunque parezca una perogrullada, conviene recordar lo que ya se ha dicho: que para alcanzar una larga vida no existe más que un único camino conocido: envejecer. Y es que como afirma José María Carrascal con apabullante lógica una vida sin vejez no es una vida completa. Lejos de caer en el desánimo, las personas mayores deben tener siempre presente la máxima de Cicerón: nadie es tan viejo como para no poder pensar que puede vivir un año más.
[Fuente: lasprovincias.es]

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